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Los pelos de la mula: la entrevista que quedó pendiente

En memoria de Andrés Armenta

Nota publicada el 9 de febrero de 2017
por Elizabeth Vargas

Me quedaron con él muchas conversaciones pendientes, muchas preguntas, muchos datos, pero por una razón o por otra dejé la entrevista para la semana que entra, desde hace más de seis meses.

La última vez que nos vimos lo busqué por el tema de los límites territoriales y de pasadita, por algunos datos que no tenía muy claros sobre el embargo atunero.

Y entonces le dije que no tenía muchos datos personales de él, de su vida.

—¿Cómo biografía? —preguntó.

—Si —respondí— algo así.

—No será para mi epitafio cabrona, si no me pienso morir ahorita.

Solté la carcajada y le conteste:

—Pos está viejito, no vaya ser.

—A que cabroncita me saliste —y entonces platicamos un poco, demasiado poco quizá, sobre su vida.

Andrés Armenta Gonzalez era un hombre terco, inteligente, trabajador, de pocas pulgas, buen padre y un abuelo que confesaba en voz alta y ronca que adoraba a sus nietos y compartía la premisa que el trabajo de un abuelo era ejercer con ellos la paternidad irresponsable. Que los eduquen sus padres, para eso están. Mi trabajo es maleducarlos, pero intentaba educarlos y darles valores.

Nativo de Culiacán Sinaloa, en una familia numerosa, se convirtió muy joven en un adulto responsable… bueno, casi.

Estudiante en el Tecnológico de Monterrey, su estatura y habilidad lo convirtió en jugador de fútbol americano. Presumía una foto con su equipo y algunos trofeos. Pero eso le costó que ya entrado en años las rodillas y caderas le jugaran malas pasadas, mucho dolor por el desgaste y más de una operación que remontó con un bastón y sin bajarse de su motocicleta verde, una Harley Davidson en la que circulaba hasta hace algunos años por Ensenada.

Fumaba puro, pisteaba como cosaco, detestaba al PAN y creía hasta hace unos años en el PRI de quien por cierto alguna vez fue candidato a Diputado, pero cuando conoció a fondo el partido, lo detestó mas que al PAN. Últimamente le daba por el PEJE, contra Peña Nieto y algo del rollo independiente lo cual hacía que al menos yo evadiera los correos con tema político no sin antes decírselo.

Armenta amaba a su país y a Ensenada aunque no era nativo.

Era claridoso, demasiado, a veces imprudente y eso le generó más de un desencuentro con amigos, con funcionarios públicos, con políticos.

Sin embargo más de una vez cuando los otros no se animaban a decir lo que pasaba o denunciar una irregularidad, Armenta lo decía a bocajarro y en el lugar donde otros procuraban guardar la compostura.

Yo le decía que era como Tazz, el Diablo de Tasmania de las caricaturas por el relajo que armaba en lugares por demás raros.

A Ensenada llegó recién casado como gerente de una empresa cervecera, luego tuvo una empresa que trabajaba algas marinas, barcos, un negocio de pinturas especiales para el sector naval, expendios de cerveza y fue el primero que incursionó en la acuacultura para desarrollar un cultivo de abulón.

En algunos negocios le fue muy bien, en otros no tanto.

Su hija Flor, nos explica que el apodo de Flor como todos lo conocían es el siguiente:

El era "La Florecita" desde su último año de prepa en el Tec de Monterrey... gracias a una canción que el coro decía: Florecita, Florecita, dónde estás que no te veo? Tu perfume me hace falta, dime, dime dónde estás?

Su sentido del humor le permitió tomar el apodo para llamar así a varios de los expendios que llegó a tener en la ciudad, sus amigos le llamaban La Flor Armenta.

Miembro de la Cámara Pesquera, CANINPESCA, cuando este organismo tenía una enorme fuerza política y económica en Ensenada y en México, fue presidente del organismo y se codeó con Secretarios de Estado, con Presidentes de la República y Gobernadores.

Fue como parte de la Cámara uno de los empresarios que encabezó la lucha contra el embargo atunero impuesto a México en 1991.

Armenta era un hombre comprometido, con su familia, con su comunidad con sus ideas. Su muerte deja el vacío que dejan los hombres buenos.

Descanse en Paz.

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