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Smartwatch para… ¿medir el rendimiento sexual?

En serio… hablemos de sexualidad…

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 4 de enero de 2017
por Rocío Linares

Navegando por internet encontré que existe un smartwatch, es decir un reloj inteligente que se sincroniza con el celular, que tiene una aplicación y tecnología suficiente para “medir” el rendimiento sexual de las personas. Desde luego un producto que ofrece de manera sencilla hacer algo que es tan personal, subjetivo y profundo me llamó la atención, continúe leyendo y busqué más.

El producto ofrece una forma de monitorear el acto sexual de manera que la persona usuaria “se conozca mejor”, haciendo posible checar de manera privada y confidencial la cantidad de veces que se tuvo coito, por cuanto tiempo, la cantidad de calorías quemadas y la intensidad de la actividad.

Todo esto se hace por medio de gráficas que permiten a la persona tener una forma visual de observar datos cuantitativos sobre si mismo/a que le permitan “evaluar sus eventos y la forma en la que se sintió”, tener acceso a un historial estadístico que le permita “saber” qué clase de amante es.

Además de todo, se ofrece la posibilidad de ir ganando distintivos en forma de animales con un comportamiento sexual lo más parecido al usuario que se pueden compartir con amigos, supongo que por medio de redes sociales mas no se especificaba en ningún lado.

Lo que pensé de inmediato es que visto por el consumidor adecuado, el reloj puede ser un producto muy atrayente porque además tiene aplicaciones para otras cosas que bien utilizadas pueden ser muy útiles como el entrenamiento físico, la salud, el sueño y lo ecológico de los propios hábitos.

Sin embargo, no había que hacer mucho análisis para saber que convertir la sexualidad en datos estadísticos en realidad no ayuda mucho. No tengo nada en contra de la tecnología, la cuestión es que no nos quedemos únicamente con lo que ella nos ofrece. Incluso podemos anteponer el ejemplo de que saber cuántas horas dormimos no habla de la calidad de nuestro sueño ni del descanso obtenido.

Este artículo es un producto de la sociedad en la que actualmente vivimos y de una historia que tenemos de medir la plenitud de la vida en logros que se pueden medir y cuantificar, y es por eso que tener una grafica puede ser atractivo para algunos. El meollo del asunto es que la sexualidad no se puede medir así.

Ya desde tiempos de Kinsey, el mismo admitió que su metodología (que fue puramente cuantitativa, medible, predecible y lo que aun hoy muchos reconocen como “científica” sin reconocer nada más como tal) para observar la sexualidad un día sería obsoleta. Kinsey en su momento no habló sobre emociones porque no se podían medir. Hoy en día contamos con estudios y avances científicos que no solo se basan en eso, sino también incluyen o se tratan solo de cuestiones cualitativas que tienen que ver con la experiencia de las personas que al final de cuentas para los simples mortales terminan siendo más valiosas por encontrarlas más cercanas a su propia vida.

Siendo así, me parece que la información sobre la cantidad de veces, de minutos o calorías quemadas no ofrece realmente un autoconocimiento sexual de la persona que lo usa. Es cierto que las gráficas pueden generar un cierto patrón que ofrezca unos cuantos datos, pero la realidad es que no dice nada sobre el cómo se siente la persona con su actividad coital o con su sexualidad en general. Y algo que me parece aun más grave es que distrae la atención de saber cómo se siente la pareja o el estado de la relación más allá del número de coitos que se tienen en una semana.

Tener estos datos a mano y convertirlos en una obsesion parecida a lo que sucede con la puntuación de los videojuegos que funcionan por niveles y desarrollo de destrezas visomotrices (tipo candy crush, bejeweled y otros) podría provocar que la persona que usa este tipo de aplicaciones se centre solo en un rendimiento cuantitativo para alimentar su grafica y con ello su ego, y poco atienda las verdaderas necesidades humanas que se satisfacen por medio de la actividad coital, de la sexualidad y de la pareja.

Si después de esto piensa usted que yo le diría “no lo compre”, la cosa no es asi. Mas bien le diría lo mismo que les digo a las personas que se interesan en comprar juguetes sexuales:

“El juguete, sin importar lo caro o moderno que sea, es lo menos importante. Hay que sacarle partido por medio de la curiosidad y de la creatividad, y no ir pensando que va a arreglar lo que está aparentemente descompuesto. El juguete no es para sustituir la compañía sexual, es para aderezarla”.

Con esto insisto en que el foco no es el artefacto, es lo que aporta a nuestra sexualidad. Lo mismo aplica para los ejercicios que los sexólogos recetamos a veces para re-educar a nuestros/as clientes, los accesorios sexuales y la infinidad de posiciones sexuales que podemos encontrar o crear.

Rocío Linares. Licenciada en Psicología UABC. Maestra en Sexología Educativa, Sensibilización y Manejo de Grupos IMESEX. [email protected]
 
 

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