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La serpiente gigante que arribó a las aguas de Ensenada

En los años `50

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 16 de febrero de 2017
por Rafael González Bartrina

Husmeando en las páginas del Diario de Ensenada de los días 1 y 16 de febrero de 1950 encontré una muy interesante historia, que se antoja hecha de ilusión y fantasía si no fuera por el detalle y el testimonio de personas que no dejan lugar a duda sobre la veracidad de su experiencia. La reseña de estos dos acontecimientos ligados entre ellos mismos por su naturaleza la relataré en dos partes, ambas en esta ocasión, en un solo escrito, aunque apetece separarlas con una semana de suspenso, mas no lo haré esta vez.

Dice el citado Diario de Ensenada en su titular a ocho columnas el día 1 de febrero de 1950 “ENORME SERPIENTE MARINA EN ESTA BAHIA” y en el contenido dela nota relata que “mide como 100 metros de longitud y fue vista por numerosas personas que se dirigían en auto a El Sauzal.”

Aclara la nota que “La noticia parece broma o cosa de alucinación y sin embargo es verídica” En síntesis explica el reportaje que habían acudido a la oficina del periódico los señores Luis Félix y Francisco Kastán Rodríguez, sargento del cuerpo de bomberos, (posteriormente jefe de bomberos) y aportando la identidad de un testigo adicional a la esposa del señor Arturo Barreda. Manifestaban que ellos se dirigían en automóvil con dirección a El Sauzal, habiendo un clima de calma, sin niebla, que permitía la visión a bastante distancia.

De pronto notaron que cercano a la costa había un cuerpo negro, que relucía a los rayos del sol y que primero figuraron que se trataba de toninas; después, ante la continuidad y gran cuerpo, creyeron que era una ballena, y finalmente, cuando el extraño animal llego hasta cerca de las piedras que están a la orilla del camino carretero que bordea el cerro de El Vigía, vieron que se trataba de una enorme serpiente marina de unos cien metros de largo y de un grosor extraordinario.

Nadaba a gran velocidad, dejando una estela como la que deja cualquier barco. Varios automovilistas se detuvieron para contemplar el incidente. El objeto de su atención, llego hasta la cercanía de las piedras y de repente giro y tomó dirección de dónde provenía y se perdió en la distancia. El dúo de Félix y Kastán, suspendieron su viaje a El sauzal y rápidamente se dirigieron a la oficina de la jefatura de la Armada de México en esta ciudad donde, al reportar su experiencia, no se les dio crédito. De inmediato fueron a la comandancia de policía, de donde, inmediatamente despacharon una “Julia” con dos agentes para que investigaran el incidente. Desafortunadamente no hubo ninguna observación que corroborara la historia y ahí terminaba la crónica de la noticia……

Casi dos semanas después, el jueves 16 de febrero de 1950. Aparece, igualmente que en la ocasión anterior, a ocho columnas el encabezado: “NUEVAMENTE APARECIO EN LA BAHIA LA SERPIENTE MARINA”. En esta ocasión fue reportada por “toda” la tripulación del barco patrulla de la Armada de México “Halcón”, al mando del capitán de Fragata Salvador Santamaría Bringas, quienes validaron y calificaron de verídica y no de “alucinación” el reporte de los señores Kastán y Félix. Dijo el Capitán Santamaría que el día de ayer 15 de febrero a las 11 de la mañana, avistaron un gran monstruo que juzgaron como una colosal serpiente marina en la propia entrada de la bahía en las proximidades de la guarnición naval.

Una notable diferencia de apreciación fue notada entre los dos reportes. Es la que refiera al tamaño, pues en la primera ocasión fue apreciada en una dimensión alrededor de 100 metros, mientras que en la segunda su tamaño se calculó en 25 metros de largo por uno y medio de ancho. En la crónica periodística se hacía referencia a la seriedad y credibilidad de ambas fuentes, especialmente la segunda ya que se trata de personal de la Armada de México. Indicaba el reportante capitán Santamaría que el monstruo se acercó a la embarcación a una distancia de tan solo cuatro o cinco metros. Notaron que su piel era escamosa y parecía que llevaba incrustados en ella ciertos moluscos como pequeños abulones.

La cabeza era chata y triangular; los ojos grandes y redondos, precisamente como los de una víbora o culebra, pero, con el aditamento de que no tiene aleta dorsal como los peces. Al nadar, su parte superior sobresalía del nivel del agua un medio metro aproximadamente. Para terminar la nota se hace referencia de que intentara fotografiarla para poder documentar con exactitud las características de la mencionada serpiente marina.

Hemos buscado en publicaciones posteriores y no hemos encontrado absolutamente ninguna otra crónica que refleje la continua presencia de este misterioso animal, que, por lo menos por ese espacio de tiempo de cerca de dos semanas hace 64 años cautivo la atención de los ensenadenses y alimentó, con divertidos comentarios y conjeturas, bromas y dudas, en los cafés y centros sociales de nuestro puerto, las cotidianas reuniones donde se discutían los asuntos más trascendentales del momento.

Rafael González Bartrina. Miembro del Seminario de Historia de Baja California.
 
 

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