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Amor a la moda: Desechable

En serio… hablemos de amor

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 29 de noviembre de 2017
por Rocío Linares

Si bien para la práctica de la sexualidad coital no es necesario sentir amor en el sentido estricto de la palabra hacia las parejas sexuales llamadas “casuales”, el amor es uno de los pilares más importantes en la vivencia de nuestra sexualidad en general.

Para la construcción de una identidad en general, de género en particular, necesitamos de la presencia de las otras personas que nos afirmen y reafirmen quiénes somos durante la infancia temprana, y posteriormente también para relacionarnos y aprender las formas de apego y demostración de los afectos para nuestra vida adulta. De ahí resultaremos con avasalladoras deudas que estaremos en camino de saldar de sanar nuestras heridas del pasado con la colaboración de una pareja que de vez en cuando tendrá el rol de la amistad, del cariño y en otras tantas ocasiones de pareja coital, entre otros muchos roles.

En las últimas décadas hemos sufrido una transformación social que ha llevado el amor a un lugar menos importante en el ejercicio de la sexualidad, pues se ha dado permiso prácticamente de hacerlo todo “siempre y cuando no se dañe a terceros”. Por tanto, hemos pasado la “moda” de reprimir las ganas del acto sexual y con ello se ha vuelto imperativo hablar sobre la prevención de enfermedades, de embarazos, de situaciones de riesgo en la sexualidad, de disfunciones sexuales, etc., pero poco se vincula el amor de la pareja al discurso regular sobre la sexualidad.

Al contrario, pareciera que el amor se ha vuelto un tema de libros poco serios sobre (dizque) superación personal en donde se dan consejos y formas para mejorar que, si bien son útiles, el problema de fondo no es precisamente (sin excluir) lo que hacemos, sino la filosofía que tenemos actualmente acerca del amor.

El sistema cada vez más asentado de consumismo con el que vivimos hoy en día da como resultado que, por ejemplo, el teléfono celular es un artículo caro pero desechable que debemos estar cambiando para poder estar al día con las actualizaciones del modelo y las aplicaciones (porque los modelos viejos dejan de tener compatibilidad o espacio para lo nuevo). De la misma manera con un vehículo que compramos con los sacrificios propios de cada estrato socioeconómico para que se devalúe y esté fabricado para durar unos pocos años y sea poco resistente a los accidentes del tránsito.

Podemos pensar esto como hechos aislados, pero veámoslo más de una vez en nuestras redes sociales, entre nuestros familiares y amigos: el modelo actual de relación de pareja sigue el mismo protocolo: es desechable.

No quiero decir con esto que absolutamente todas las relaciones sean así o que se rijan por estos principios de manera obvia o absoluta, pero observemos cómo actualmente en cuanto el enamoramiento, primera etapa de muchas en la relación de pareja, se termina, damos paso a una serie de acciones y pensamientos que hablan de nuestro desencanto con el “producto” anteriormente deseado y venerado.

El desencanto es una parte natural de las relaciones de pareja y da paso a lo que es el amor verdadero, el que cuesta trabajo y esfuerzo todos los días, que es una decisión consciente y no llevada por las hormonas o el deseo sexual. La idea sería también que tomáramos en cuenta cómo nos hemos venido presentando con nuestra pareja para evitar este inevitable desencanto que tarde o temprano llega y que es parte de los retos que debemos seguir para tener una relación madura.

Hoy en día cuando una cosa no sirve se compra otra nueva o se hace un cambio con la garantía. Dado que las personas y las relaciones no son cosas, no podemos cambiarlas. Démonos cuenta de que si adquirimos otra nueva relación nos las arreglaremos para crear el mismo caos que hemos creado hasta ahora con la relación actual o la anterior aunque en la superficie no lo parezca. De esta manera, no podemos pensar en la relación como desechable, pues eventualmente “reciclaremos” el modelo anterior con una nueva máscara a menos que nos encarguemos de sanar la relación, de tomar nuestras responsabilidades en lugar de tratar de deshacernos de lo que es nuestro.

Aclaro con esto que mis palabras vienen de una reflexión acerca de las palabras de Zygmunt Bauman en el libro “Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, y no son parte de una noche de copas… aunque hubiera estado bien.

Como psicoterapeuta de parejas puedo mencionar que en efecto las relaciones pueden terminar y no todas tienen las herramientas para sobrevivir a la tentación de ser desechadas, pero esto no depende siquiera de la cantidad de disgustos que se tengan al interior de la relación, sino de, entre otras cosas, la voluntad y el compromiso que las personas tienen para sostener su vínculo.

Rocío Linares. Licenciada en Psicología UABC. Maestra en Sexología Educativa, Sensibilización y Manejo de Grupos IMESEX. [email protected]
 
 

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