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De hartazgos y de enfados

Revelaciones

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 3 de enero de 2018
por Alfredo Mendoza Rodríguez

El ciudadano de a pie esta harto. Encabronadisimamente harto. Fúrico.

Y la verdad, no es para menos. Le sobran motivos para estarlo; le sobran motivos para su apatía, para su enfado, para su enojo.

Me topé a Don Carlos Aguilar fuera de las instalaciones del Centro de Gobierno del Estado. Intento sin renovar la tarjeta de circulación de su vehículo; tenía dos años de rezago.

Pero no pudo ponerse al corriente.

No le alcanzó el dinero para para cumplir con el tramite porque se interpuso el “no adeudo municipal” y la “verificación ambiental”.

Simplemente no le alcanzó el dinero porque para obtener un papel que haga constar que no tiene adeudos para con el Gobierno municipal, tiene que pagar.

Y también tenia que pagar para demostrar que su vehículo no contamina. O que contamina pero que ya pago la verificación.

Por eso Don Carlos Aguilar salió molesto de las oficinas gubernamentales. “Ponen tantas trabas para nosotros los fregados que nos obligan a caminar en la irregularidad”, señalo.

Luego, a metros de la oficina de gobierno otra expresión de irritación. La señora Catalina Ramírez reniega por el costo del gas licuado que recién enfrentó un incremento.

Y la señora, empleada de una empresa maquiladora, no tiene empacho en culpar al gobierno de sus males financieros.

En su fuente de trabajo le pagan poco más de un mil pesos por semana, casi lo mismo que cuesta ahora un cilindro de gas de 45 kilogramos.

Y advierte que no acudirá a votar, que porque todos son iguales. La señora Catalina dijo no confiar en los que andan tras la presidencia de la República.

“Ellos (los precandidatos de ahora) solo ven por sus intereses y se acuerdan de nosotros cuando ocupan los votos, luego les importa un cacahuate nuestros problemas”.

La mujer explicó que en su familia sufren lo que no sufren los políticos, ya que apenas completan para mal comer, para mal vestir y para pagar los servicios.

Y cómo Don Carlos y la señora Catalina, sobran ciudadanos. El traslado de la riqueza a los sectores últimos de la sociedad simplemente no termina por llegar.

El enfado y la irritación, en cambio, llegaron demasiado rápido.

Alfredo Mendoza Rodríguez. El autor es periodista y sociólogo.
 
 

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