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De apatías, de omisiones, de complicidades

Revelaciones

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 18 de abril de 2018
por Alfredo Mendoza Rodríguez

Como cualquiera lo haría, la mañana de este lunes una mujer acudió gustosa a recoger el dinero producto de su finiquito como empleada del gobierno estatal.

Prestó sus servicios laborales por espacio de tres décadas y como parte de su retiro le entregaron 230 mil pesos.

Pero, lamentablemente, la mujer ocupo mas tiempo en acudir a recibir el dinero que en ver cómo se lo arrebatan de sus manos.

Justo cuando se disponía a depositar el dinero en una sucursal bancaria ubicada en céntrica plaza comercial, desconocidos llegaron, la amenazaron, le arrebataron su bolso y huyeron.

De los delincuentes nada. Nada de nada.

La mujer, está por demás decirlo, inmersa en la frustración. El dinero producto de 30 años de servicio laboral en manos de la delincuencia.

Si, de esa delincuencia que no duerme, que acecha, que lastima.

Es obvio suponer que “alguien” dio el pitazo, como se dice de manera coloquial, que la mujer llevaba dinero y que además se trasladaba sin mayores medidas de seguridad.

Es obvio, pues, suponer que la delincuencia opera de manera relajada al interior de instituciones bancarias, desde donde vigilan el comportamiento de sus clientes.

Quienes somos clientes frecuentes de bancos en la plaza, pasamos por alto la prohibición de usar aparatos telefónicos.

Y lo hacemos los clientes y lo permiten los empleados de los bancos.

Así, con una facilidad que impresiona, desde el interior de los bancos los delincuentes pueden grabar en video o en tomas fotográficas a sus potenciales víctimas.

Lo demás les resulta relativamente fácil.

Como sociedad hemos caído en la apatía, en el desdén, en la omisión de lo que nos protege, de lo que nos da cohesión y repercute en nuestra seguridad.

Como sociedad nos fraccionamos. La autoridad con sus políticas fallidas en materia de seguridad, los ciudadanos dispersos y la delincuencia sacando provecho.

Lo que le pasó el pasado lunes a la hoy trabajadora jubilada del gobierno estatal, he ahí el riesgo, nos puede ocurrir a cualquiera.

Ocupamos entonces cerrar filas como sociedad.

Reforzar las estrategias de seguridad, fortalecer la difusión de las tareas preventivas, cumplir con los lineamientos encaminados a disminuir los factores de riesgo.

Entre hacerlo y no, está la diferencia.

Alfredo Mendoza Rodríguez. El autor es periodista y sociólogo.
 
 

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