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De bancos, de omisiones, de asaltos

Revelaciones

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 16 de mayo de 2018
por Alfredo Mendoza Rodríguez

Los asaltos a clientes de instituciones bancarias se han vuelto una tarea relativamente sencilla.

Entre el desinterés de los bancos y el exceso de confianza de sus clientes, opera una bien organizada banda de asaltantes.

Así lo evidencian los recientes asaltos.

Apenas días atrás un maestro jubilado fue despojado de cientos de miles de pesos, luego de abandonar una sucursal bancaria ubicada en la avenida más transitada de la ciudad.

La víctima, como ocurrió con una trabajadora en retiro del gobierno estatal, no extremó las medidas de precaución al acudir a retirar altas sumas de dinero.

Y es que como están las cosas en la ciudad, la prevención resulta una tarea ineludible.

Al interior de las sucursales bancarias las medidas de seguridad se han convertido en letra muerta. Nadie las atiende. Ni empleados, ni clientes.

Este martes, para corroborarlo, visité varias instituciones bancarias ubicadas en la zona centro.

Y si, cero medidas preventivas.

A pesar de no ser un día de mucho ajetreo (martes), los pocos clientes realizando trámites se mostraban ajenos a los protocolos de seguridad.

El uso y manipulación de aparatos telefónicos se ha vuelto una práctica común al interior de los bancos.

Y si suponemos que entre los clientes se encuentran integrantes de estas bandas de asaltantes, entonces enviar datos e imágenes de potenciales víctimas a sus cómplices en el exterior es un recurso muy práctico.

En conversación con un ejecutivo bancario, reconoció que las medidas de seguridad al interior de las sucursales se relajaron desde que ocurrió el recorte de personal.

“Si te fijas ahora son menos cajeras y los ejecutivos de cuenta hemos adquirido más responsabilidades. Eso genera una tardanza en los trámites durante los cierres y apertura de semana, lo que muchos clientes aprovechan para revisar sus teléfonos”, me explico.

Recordó cómo años atrás los propios clientes le llamaban la atención a las personas que manipulaban aparatos telefónicos.

Hoy sobran los clientes que usan los celulares para anotar números de cuenta, cantidades a depositar, para comunicarse a sus empresas o con familiares desde los bancos.

De los bancos visitados, Banorte en la sucursal Reforma fue el único que dispone de un elemento de seguridad privada y que tiene como tarea abrir y cerrar la puerta del establecimiento.

En la plática con el ejecutivo bancario, señalo que está en análisis solicitar credenciales de identificación oficial a las personas que concurran a efectuar trámites. Como cuando se retira dinero en efectivo.

Y aplicar, ahora si con rigurosidad, el no uso de aparatos telefónicos al interior de sucursales bancarias.

Cierto es que mientras los bancos no dispongan de medidas de seguridad a favor de sus clientes, y estos no se vuelvan más precavidos al depositar o retirar altas sumas de dinero, la posibilidad de más asaltos estará latente.

Según expertos en investigaciones policiales, el delincuente tendrá más posibilidades de concretar su fechoría en la medida en que sus potenciales víctimas les faciliten el camino.

Apegados entonces a la advertencia anterior, aquí les estamos construyendo avenidas a la delincuencia.

Alfredo Mendoza Rodríguez. El autor es periodista y sociólogo.
 
 

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