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Do good, save food

Consejo de la FAO

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 5 de febrero de 2019
por Antonio Sujo

Del campo a la mesa del consumidor se desperdician toneladas de alimentos. Cada eslabón de esta cadena alimentaria desperdicia en mayor o menor medida, por ejemplo, las fluctuaciones de precio del mercado, los productos frescos como frutas y verduras que se eliminan por no cumplir con los estándares en cuanto a tamaño, color y forma, o simplemente alimentos que están próximos a superar o que han superado la fecha de consumo preferente.

Respecto al tema, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) nos aconseja algunas medidas para reducir el desperdicio de alimentos. Cada medida engloba una serie de acciones que resultan muy sencillas de ejecutar y que se traducen en la reducción del desperdicio alimentario, en el ahorro económico y energético, y en beneficios para la salud.

Sentarse a la mesa y comer raciones pequeñas: con hambre siempre se antoja más comida, llenar el plato en exceso se puede traducir en sobras que a algunos consumidores parece no gustarles volver a utilizarlas. Es necesario evitarlas o plantearse utilizarlas para preparar la próxima comida o simplemente conservarlas para consumirlas posteriormente.

Realizar compras inteligentes: comprar en exceso es un error porque se corre el riesgo de que los productos se deterioren o caduquen. Valorar las ofertas de los supermercados si realmente merece la pena la compra, ya que si no es un producto de mucho consumo, es posible que el presunto ahorro se traduzca en pérdidas.

Comprar frutas y verduras imperfectas: que estos productos no cumplan con los estándares de mercado habituales no afecta a sus cualidades organolépticas, a la calidad y tampoco a su tiempo de conservación.

Revisar periódicamente los congelados: Comprobar que los alimentos están correctamente almacenados y que la temperatura es óptima para la conservación, hay que evitar llenar demasiado el congelador, ya que además de que consume más energía, se incrementa la posibilidad de que algún producto no se consuma y termine caducándose.

Diferenciar entre fecha de consumo preferente y de caducidad: Recordemos que esta fecha hace alusión a la fecha óptima de consumo, es decir, si se supera esta fecha el alimento no ofrece todas sus cualidades organolépticas o nutricionales, pero en ningún caso quiere decir que el alimento ya no sea apto para el consumo.

Convertir los residuos orgánicos en compost: con esta práctica se convierte en abono para el jardín o el huerto, aprovechando parte de los recursos y la energía utilizada para producir los alimentos.

El último de los consejos de la FAO es compartir y ayudar: donar la comida sobrante que tenemos a quienes lo necesitan es una gratificante forma de reducir el desperdicio alimentario.

Desperdiciar alimentos es perder dinero, tiempo, esfuerzo y recursos como la energía, la tierra y el agua que se necesitan en la producción alimentaria. A esto hay que añadir que si nos esforzamos en reducir el desperdicio alimentario, participamos en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento del planeta.

Antonio Sujo. Un apasionado por la gastronomía, cuenta con una maestría en administración, director de estrategia y desarrollo de Unifront, sujo@unifront.mx
 
 

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