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La sociedad del riesgo y el Coronavirus

Vislumbres de un millennial ensenadense

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 25 de marzo de 2020
por Luis Damián Garibay

Nos encontramos ante una pandemia y nuestras instituciones sociales como la familia, la educación, la religión, el sistema político y económico, se encuentran superadas ante este problema de magnitudes continentales. Hay que aceptarlo.

No dudo que la historia se partirá en un antes y un después del Coronavirus. Porque es la humanidad entera la que se enfrenta a este problema y los riesgos y consecuencias impactarán a todos. Sin embargo, un sociólogo alemán, de nombre Ulrich Beck, ya nos estaba previniendo de este tipo de problemas de alcance mundial desde mediados de los años ochenta.

En su libro, La Sociedad del Riesgo, Beck explicó que el proceso de globalización (el aumento de la interdependencia que socava tanto la influencia como el poder de los estados-nación) si bien podría generar un mayor intercambio de bienes, servicios, cultura y un mayor flujo de la economía mundial, también provocaba que los riesgos a los que anteriormente se enfrentaban los países, de manera local e independiente, ahora se propagaban a todos los rincones del mundo.

El sociólogo explicó que desde las últimas décadas del siglo XX la vida social se encontraba en lo que llamó “la modernidad reflexiva”, esto quiere decir que si antes de dicha etapa se creía que problemas que afectaban a la salud, desastres naturales, conflictos armados, pobreza o marginación, aun podían ser resueltos, atendidos o controlados desde el poder público, económico o científico, nacional, ya no sería así. Pues en esta nueva etapa, los gobiernos y las instituciones estaban conscientes de la imposibilidad de controlar (y dominar) la naturaleza y la sociedad.

Ulrich Beck señaló que el desarrollo de la ciencia y la tecnología, si bien, trajeron a la humanidad avances en la salud como las vacunas u otros descubrimientos que han prolongado la longevidad de las personas, también han provocado nuevos riesgos que provienen de la industria nuclear, la industria química y la biotecnología.

Entre ellos el derretimiento de los polos, la contaminación del aire, el aumento del nivel del mar, la resistencia de las bacterias a los antibióticos y por qué no, la amenaza terrorista que ahora amenaza desde cualquier punto de la geografía mundial.

Pero regresemos a donde nos encontramos en este momento: la pandemia del Coronavirus. Para un mejor análisis, tomamos en cuenta las tres características principales que Ulrich Beck identificó en la sociedad del riesgo, comparadas con la crisis actual, podemos reconocer que:

1-“El daño es global e irreparable (los accidentes no pueden compensarse, por lo que los seguros ya no sirven”. Como hemos visto hasta al momento, ningún país, ni siquiera los llamados de primer mundo como Estados Unidos, Francia, Italia o Alemania, estaban preparados ante la crisis de este virus en materia económica o en capacidad técnica y en infraestructura de salud. Por desgracia, sus hospitales están colapsando y no hay seguro que se atreva a compensar los daños producidos por la pandemia. Pero sobre todo, los efectos económicos, sociales y las vidas humanas serán irreparables. De hecho, La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en el peor de los casos, el Coronavirus puede llevar a 25 millones de personas al desempleo.

2-“La exclusión de las medidas preventivas posteriores (no es posible regresar a cómo eran las cosas antes del accidente)”. Si los atentados terroristas de las Torres Gemelas cambiaron el paradigma mundial de la llamada seguridad nacional y llevó a varios países, principalmente a Estados Unidos, a una hipervigilancia de su población y a la desconfianza y permanente estado de amenaza de ciudadanos de otros países como posibles terroristas, así como una mayor discriminación hacia la poblaciones de países de Medio Oriente por su cultura y religión, la población China en todo el mundo ya está sufriendo un mayor grado de xenofobia, discriminación y estigmatización, pues desde los primeros contagios por Coronavirus son señalados como los causantes y portadores del virus. El miedo, la vigilancia y la desconfianza entre ¨los otros¨, podrían incrementar (esperemos que no).

3-“Es la inexistencia de límites espaciales ni temporales (los accidentes son impredecibles y sus efectos se dejan sentir más allá de las fronteras nacionales y durante largos periodos de tiempo). Hace unas semanas, hay que reconocerlo, creíamos que el Coronavirus era un problema sólo de China y que acá no nos alcanzaría. Pero nos alcanzó y ahora es un problema que ha atravesado nuestra vida pública y privada a tal grado de sentirnos en un estado de guerra. Todo el mundo está padeciendo los problemas que ha causado la pandemia. Estamos interconectados, recordemos.

Pero uno de los puntos más importante de estas observaciones que Ulrich Beck hizo es que la sociedad del riesgo también es la democratización del riesgo. Lo que quiere decir, que como hemos visto, nadie está exento de sufrir los efectos de la pandemia, ya sea económicamente o en su estado de salud. Hasta el momento no hay cura. Países pobres y países ricos la padecen. Políticos, artistas, deportistas, banqueros, comerciantes, niños, jóvenes y sobre todo personas de la tercera edad, sufrimos las consecuencias y tememos al nuevo virus que ha desestabilizado todos nuestros planes a futuro.

¿Qué aprendizaje nos podría dejar esta crisis? La nueva era, este después del Coronavirus, si algo bueno nos podrá dejar, será que para combatir problemas de magnitudes mundiales debemos cooperar entre todos con estrategias de magnitudes mundiales. Para prevenir y enfrentarnos a los nuevos retos que vendrán, crisis económicas, desastres naturales, contaminación u otras crisis de salud, tendremos que configurar nuestras instituciones nacionales e interconectarlas entre todos los países y, como ciudadanos que vivimos dentro de fronteras imaginarias que creemos nos separan de los demás, ser conscientes que formamos parte de una sola raza: la humanidad.

Luis Damián Garibay. El autor es sociólogo, profesor de historia y escritor.
 
 

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