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La primera celebración de Independencia en Palacio Nacional

La historia de la campana de Dolores

  
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Nota publicada el 15 de enero de 2023
por José Luis Fernández Ruiz

En 1896 el General Porfirió Díaz, ordenó retirar de la parroquia de Dolores, Hidalgo la campana de la independencia para que fuera trasladada como sagrada reliquia de la patria a la capital del país, dando un nuevo toque de patriotismo a la fiesta de independencia.

Sabedor que la campana no fue tocada por don Miguel Hidalgo sino por el acólito encargado del campanario, colocó la campana y el cordel cerca del balcón presidencial.

Algo que precedió a los festejos, fue la jura de bandera que se efectuó el día 14 en la mañana en el Paseo de la Reforma y en atención a que los batallones 21 y 25 de infantería habían cumplido los diez años que la ordenanza prevé para el uso de su bandera.

Frente a muchos jefes y oficiales que iban acompañando al Presidente, este se presentó en uniforme y en carruaje abierto, acompañado del Secretario de Guerra y Marina, General Escobedo como invitado especial.

Llegada la comitiva el General Cueto, Jefe de Batallón, despidió la bandera usada y enseguida se entregó la nueva por el General Díaz. Ésta conforme a nuevo decreto, fue cuadrada y con noventa centímetros por lado, fabricada en seda y estampada con el escudo mexicano.

El 15 de septiembre de 1896 a las ocho de la noche, el zócalo mostraba toda una nueva iluminación consistente en estrellas multicolores, portadas y arcos con haces de luz. A las diez de la noche se reunieron en la avenida Juárez más de 2,000 hombres de la clase trabajadora los cuales recorrieron la avenida con antorchas, faroles y estandartes, llegando cerca de las 11 a en un extremo de la Plaza de la Constitución la multitud era enorme y llenaba el lugar.

A las once de la noche en el balcón hermosamente decorado con la campana de Dolores ya instalada, apareció el señor Presidente acompañado de sus Secretarios de Estado, y una gran comitiva del Ayuntamiento.

Como por encanto cesaron los murmullos y con un solemne silencio el señor General Díaz, tremolando la bandera nacional hizo sonar el histórico bronce, sonido al cual siguieron vítores, fuegos pirotécnicos, soltaron globos y continuó con el repique general de campanas y diseminada por las calles, la multitud entusiasmada siguió el jolgorio. Así dio el inicio de la tradición de dar el grito de independencia en los balcones presidenciales de los gobiernos estatales, municipales, y el palacio nacional.

José Luis Fernández Ruiz. Director del Patronato Centro Histórico Turístico Cultural de Ensenada, A. C.
 
 

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