Los pelos de la Mula: Era cuestión de tiempo

El narcoterrorismo ya está en Baja California

Nota publicada el 14 de agosto de 2022
por Elizabeth Vargas

Desde hace años la podredumbre del narcotráfico, ha crecido bajo nuestros pies y frente a nuestras narices mientras los discursos de los políticos de todos los partidos, dentro y fuera del poder condenaban sin actuar.

Los que han actuado, pocas veces lo han hecho de forma coordinada y para variar el que más tiene que ver con este asunto, lleva años desaparecido o escondido o entretenido en otras cosas, menos con lo que le corresponde y tiene nombre. Se llama Fiscalía General de la República y antes Procuraduría General de la República. Sus omisiones han permitido que el monstruo que conocimos el viernes haya crecido a dimensiones terroríficas.

Hasta agosto del 2012, la PGR, era la única que podía investigar los temas relacionados con el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de armas o la falsificación de dinero, entre otros delitos eran exclusivos todos del ámbito federal.

En agosto del 2012 hubo reformas a la Ley y estas permitieron que los Estados pudieran atender e investigar el delito de narcomenudeo que para esa fecha había crecido de manera abrumadora en Baja California y en las grandes ciudades del país.

Le dieron atribuciones medidas, en peso y en cantidades para perseguir, que no han variado en una década y que permitieron al Estado conocer al menos la magnitud de un problema del que tenían indicios pero ni una sola cifra, porque entonces como ahora, la PGR era opaca, antes por corrupción luego amparada en el Nuevo Sistema de Justicia Penal.

Baja California dio algunos pasos al principio pero constantemente chocaba contra el seguimiento de los asuntos que se empantanaban en el mismo lugar, las agencias del Ministerio Público Federal y cuando cruzaban, entonces los juzgados eran el tapón de las investigaciones y la puerta giratoria de los narcotraficantes, una y otra y otra vez.

Pretextos: no está bien integrado, no era cocaína, no era marihuana, se perdió el expediente y entonces cada vez más empoderados los narcos sabían cuanto costaba y con quien habría de arreglarse para cualquier asunto, cuando no había acuerdos o las deudas no se cubrían, unos cuantos balazos o desaparecer al que veían como enemigo lo resolvía.

El mismo camino, lo recorrieron con los narcomenudistas, los distribuidores, los que cuidaban los ranchos para sembrar marihuana, los empaquetadores, los sicarios, los pilotos, los bajadores y todos los que componen una de las estructuras laborales ilícitas más completas, nos guste o no de la economía mexicana.

Primero, los narcos les parecieron a muchos héroes y los cantaban a todo pulmón en las fiestas en narcorridos, algunas mujeres se dieron cuenta que era garantía de dinero para cumplir caprichos y operaciones estéticas. También para obtener una entrada extra especialmente si su pareja ya estaba en ello.

Los jefes de plazas se han codeado con los alcaldes, los funcionarios, los diputados, abogados y sus fiestas, casas y ranchos o negocios de lavado, estaban en las notas de sociales primero, luego en las redes y más adelante algunos han terminado en la nota roja, cuando los ejecutan.

Pero en Baja California, la idea generalizada es que se matan entre ellos, se afectan entre ellos, se levantan, se torturan y desaparecen entre ellos… casi siempre.

Pero cada vez han aumentado la violencia, el encono, el cobro de deudas porque si se pierde una carga de drogas la deuda se mantiene y si se exige cambiar de bando no es una petición, es una orden y una amenaza.

Y si le sumas, la intervención en la ecuación de policías, funcionarios, jueces, abogados y muchos otros actores el asunto se vuelve un asco donde la sociedad se ha acostumbrado a no inmutarse ya por los muertos si se relacionan con el narco.

Pero entonces llegaron los otros, que saben que es un asco, que hay impunidad y la sociedad parece anestesiada y deciden que ahora ellos van a mandar y simplemente nos dieron una probada de infierno.

Se colocaron donde quisieron y provocaron incendios y asaltaron y robaron carros y amenazaron y causaron el caos necesario para sacudirnos a todos y sabernos frágiles, inermes y con autoridades que actuaron de inicio como pollo sin cabeza, aunque poco a poco tomaron el control, no totalmente pero al menos dieron una muestra de que si pueden coordinarse.

Ahora falta que dentro de unos días, cuando este asunto pase a un Juez Federal, no resulte que no fueron incendios, no se configura terrorismo y se trató de hechos aislados.

Pero independientemente de lo que diga un Juez, es posible que muchos Bajacalifornianos empiecen a ver a los narcotraficantes como lo que son, hombres y mujeres malos que están dispuestos a todo por lograr lo que quieren si es necesario sembrando el terror.

P.D. Por cierto ¿Quién le dará seguimiento y cómo lo blindarán ante el riesgo?

P.D. Todo lo que asevero en este texto, esta documentado en la hemeroteca de Ensenada.Net en innumerables historias.

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