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Los Pelos de la Mula y mi mamá

Nota publicada el 9 de mayo de 2006
por Elizabeth Vargas

La semana pasada al cumplirse el aniversario de la muerte de mi padre, mi hermana me recordó el tiempo exacto, cuatro años de él y seis años de ella.

La verdad no lo podía creer, será porque los traigo conmigo permanentemente como una imagen viva y agradable, buena y sencilla, como eran. Los dos fueron excelentes padres, su mundo siempre giró alrededor de nosotros de sus hijos, de su familia.

Mi mamá era una mamá bonita, podría decirse que todos los hijos tenemos la mamá más bonita del mundo, pero la mía si lo era.

No era una mamá común y corriente, era diferente en algunos aspectos, el mas relevante, era su manía por permanecer despierta hasta bien entrada la madrugada para dejar la casa lista y limpia para el día siguiente.

Por supuesto se levantaba tarde, o de acuerdo al horario en que dormía, por lo que bromeábamos respecto a sus parientes y el hecho de que alguno hubiera vivido en un castillo en Transilvania.

Adolescente, cuando estaba en la escuela Normal, tomé la manía de quedarme hasta tarde con ella, ¿o temprano? Bueno tres o cuatro de la mañana en que platicábamos de miles de cosas de las historias de familia, de los planes, de la vida, de las cosas y de muchas otras cosas.

Mi mamá nunca salía de casa si no era bien arreglada, pintada, zapatos altos, perfumada, peinada, con las uñas arregladas, era impensable en su formación salir de la casa en pants, en tenis o en fachas. Pasara lo que pasara no perdía el estilo.

Ocasionalmente ya como periodista, cuando yo llegaba a la casa en fin de semana, me comentaba entre risas y sorpresa... ¿en serio andas en la calle así?.

Mi mamá a diferencia de la mayoría de las madres de ahora, no trabajó estando casada por lo tanto en casa siempre había alguien que nos recibiera, que nos atendiera y nos cuidara, que nos cumpliera antojos y que nos regañara cuando nos portábamos mal.

Ocasionalmente nos daba unas nalgadas, muy pocas veces y otras, según ella muy enojada, tomaba el cinto de uno de sus vestidos.... un cinto de tela muy suave con el que ella hacía como que nos pegaba y nosotros nos tapábamos con las cobijas atacados de la risa.

Antes de su muerte, mi mamá se enfermó, una enfermedad larga, angustiosa, dolorosa y degenerativa, dejó de sonreir, de arreglarse, de bromear, de salir, de hablar, de recordar.

La última imagen que guardo de ella antes de que entrara en crisis, es internada, sobre una cama de hospital, donde me quedé cuidándola y el cansancio me venció, hasta que me despertó su mano acariciándome el cabello.

Como cuando era pequeña me persignó, me pidió que me portara bien y que cuidara a mi papá, que ella trataría de sanar...

No fue así... mi mamá murió el 18 de julio del 2000 y todavía extraño en las tardes ir a buscarla para platicarle y que me platique las cosas del día.

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